CONTROL + ALTERNATIVA + SUPRIMIR (o el arte milenario de enfrentarse a los errores).

Hoy, yendo por la calle, me llamó la atención un hombre que caminaba por la otra acera. Le gritaba a alguien lo suficientemente pequeñito como para que yo no alcanzase a verlo detrás de la fila de coches aparcados. Le advertía amenazadoramente que dejase de hacer algo, no sé qué. Entonces se oyó un llanto y entendí que la criatura se había caído, aunque yo seguía sin verla. El hombre se enfadó aun más, se acercó al niño o niña e inclinándose, entiendo que añadió a la caída un par de cachetes o algo similar, porque el llanto se disparó en intensidad sobre la voz del hombre que sentenciaba: “¡Y esto por idiota!”.

Así que me quedé pensando en quién tenía mejores razones para actuar como lo había hecho. Si el padre queriendo evitar a su descendencia la caída y el consecuente dolor, en cuyo caso no tiene mucho sentido que castigue la desobediencia físicamente, aun en el caso de que no ejerciera la fuerza suficiente para lastimarle realmente; o la prole misteriosa, que había decidido desoír los consejos de su progenitor y había salido como el gallo de Morón: sin plumas y, además, cacareando. Podéis imaginar que por una combinación de factores diversos me inclinaba más a estar de parte de la personita invisible que no se había dejado amedrentar, quería correr quizá, o saltar un obstáculo o hacer algo que su capacidad aun no le permitía hacer sin riesgo de caerse, ¡pero lo intentó! No hizo caso de la autoridad que le exigía, por su propia seguridad, que dejase de correr riesgos. Todas las crías de animales se caen pero sus padres no les machacan cuando están en el suelo, les ayudan a levantarse y les animan a seguir practicando. Pero claro, nosotr@s no somos animales… somos gente civilizada.

Así que seguí pensando: ¿Cómo nos enseñan a resolver los problemas desde la más tierna infancia? ¿Cuál habría sido la forma correcta de acompañar a la criaturita en la experiencia de la caída? ¿Nos identificamos más con el hombre que sentencia o con el niño que cae?

Si la forma de enfrentar los problemas es evitarlos haciendo caso al hombre grande que profetiza nuestro fracaso, ¿cómo afecta esto a nuestro aprendizaje? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Produce algún efecto en nuestra forma de relacionarnos? ¿Son demasiadas preguntas? Bien, pues vamos a ver cuántas respuestas me sé…

 

CONTROL:

Algo que no acababa de comprender en mi serie de razonamientos era por qué tememos tanto la caída y nos dedicamos a inducir tal miedo a nuestros vástagos. Caerse es haberse equivocado y equivocarse está muy mal visto en general (dejando a aparte el tema del desafío a la autoridad). Nuestra educación, al fin y al cabo, se basa habitualmente en aprender una serie de respuestas que nos vienen dadas; no saber las respuestas necesarias es cosa de los malos estudiantes y los burros de la clase. Así que llegamos a la edad adulta con el convencimiento de que no podemos estar equivocad@s en lo que respecta a nuestros conocimientos “ya asentados”.

control

Si en una confrontación de opiniones me llevas la contraria mi piloto mental automático percibirá esa falta de acuerdo como una afrenta a mi buen conocimiento de todas las respuestas. En consecuencia tendré que ponerme a la defensiva y recibir con cara rancia tus descabelladas ideas divergentes, mientras pienso rápidamente cómo dejar en evidencia tu argumento. Quiero tener control total sobre la discusión y, por supuesto, también sobre aquel que ose desafiarme: cortarle la cabeza y clavarla en una lanza para que todo el mundo vea lo que ocurre cuando me llevan la contraria. Y si me veo acorralada grito más que tú y punto, porque ya se sabe que si grito más y ahogo el débil sonido de tu irritante voz de Pepito Grillo, entonces he ganado yo. Él o ella dirá que mejor lo deja porque conmigo no se puede hablar, pero ya sabemos que esa es la excusa de los perdedores/as, ¿a que sí?

En este tipo de situaciones, propongo cambiar el lugar en el que ponemos el control y, en vez de tratar de imponerlo a los demás, traerlo hacia nosotros con el fin de detener a tiempo el “sistema de seguridad” que nos va a poner a la defensiva frente a una opinión sospechosamente diferente a la nuestra. Dejar entrar ideas nuevas y comprobar si nos salen ronchas o si, por el contrario, aparentemente no pasa nada malo.

 

ALTERNATIVA:

Una opción menos explotada es la de escuchar el razonamiento que se nos ofrece, tratar de comprenderlo y situarlo mientras nos lo explican; esto requiere eliminar el proceso de estar pensando anticipadamente en la réplica para dejar espacio libre en la memoria RAM que permita asimilar y valorar objetivamente la nueva información. Ya se sabe que, cuando hay activos varios procesos en segundo plano, la velocidad del dispositivo se resiente. Y además de eso, se va a notar que no has escuchado nada de lo que te han dicho porque estabas pensando en tu propia respuesta. Porque además siempre es una respuesta, no suele ocurrir que sea una pregunta que trate de profundizar en las postura de nuestro/a interlocutor/a. Dicen que contestar una pregunta con otra pregunta es de galleg@s, así que entiendo que deben ser (debéis, para l@s galleguiñ@s que me leáis) gente muy socrática.

 

La mentalidad de “una solución para cada problema”, de “una respuesta para cada pregunta”, al fin y al cabo, es producto de este tipo de configuración mental y claro… eso pasa factura. De forma que cuando nos enfrentamos a un problema de cualquier tipo, solemos buscar entre nuestro repertorio de respuestas aprendidas cuál es la solución que mejor se ajusta. Cuando no encontramos coincidencias en nuestros propios archivos lo que está a la orden del día es preguntarle a Google, acabamos en Yahoo respuestas y así nos luce el pelo . Una sana alternativa es ejercitar nuestra propia y personal capacidad para resolver problemas a través de eso que llamamos pensamiento creativo, divergente o lateral. Puedes empezar por hacer este test para ver cómo lo tienes de dormido; hace un poco de trampa porque te da varias respuestas para elegir una, pero siempre es mejor empezar con algo fácil para no desmotivarse, ¿no?

Se trata de desafiar la tiranía de la solución única y probar a enchufar entre sí neuronas que antes ni se conocían: abrir nuevos caminos a través de las circunvoluciones cerebrales y, por una vez, arriesgarnos a ver qué pasa. Lo peor que podría ocurrir si no sale bien es que alguien venga a darnos encima un par de collejas (metafóricas, espero), recriminándonos que nos las merecemos por idiotas. Y si llegamos a ese punto, será buen momento para empezar a contestar con preguntas al “sabelotodo” que nos abronca.

 

 SUPRIMIR:

Una vez que tenemos pulsados los botones del control y la alternativa, para que la cosa funcione hay que darle también a lo de suprimir. Suprimir el rechazo plano a estar equivocados y el miedo a cometer nuestros propios errores (y a dejar que otr@s los cometan); la reacción negativa ante esas nuevas formas de actuar que

nunca hemos considerado; el recurso a las soluciones universales que le funcionan a todo el mundo menos a ti; el modelo de pensamiento único y la idea de que debemos tener respuestas a todas las preguntas, asumiendo que algunas sólo pueden generar más preguntas y eso no implica haber fracasado como seres inteligentes, sino todo lo contrario; la creencia supersticiosa de que nuestras ideas siempre son las mejores o las peores y comprender su dimensión circunstancial, en el sentido de que muchas de tus ideas están ahí “puestas por el ayuntamiento” o, como expresa Ortega y Gasset, reconocer que “la mayor parte de las cosas que decimos no las entendemos bien, y si nos preguntamos por qué las decimos, esto es, las pensamos, advertiremos que las decimos no más que porque las hemos oído decir, porque las dicen otros”.

 

 

En cualquier caso y si todo esto falla, recuerda que siempre nos quedará la tecla “Escape”.

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9 comentarios

Archivado bajo Autodeterminación, Reflexiones, Relaciones

9 Respuestas a “CONTROL + ALTERNATIVA + SUPRIMIR (o el arte milenario de enfrentarse a los errores).

  1. elPakoP

    Muy bien hilado todo el post, con la metáfora de las teclas y el desarrollo de los tres puntos. Me he sentido totalmente identificado en eso de querer llevar la razón. Como mola tener razón, es de las mejores cosas que hay.

    Yo era muy mucho de eso. El desafío a mis razonamientos lo interpretaba como una afrenta personal. Y de vez en cuando me masajeaba el ego quedando por encima de los demás al demostrar lo absurdo de sus conclusiones. El mayor inconveniente de esto, y por el cual lo dejé de hacer es porque esta mentalidad es un obstáculo al aprendizaje. Mi naturaleza curiosa me genera un hambre de ideas nuevas y el estar siempre a la defensiva me impermeabilizaba ante la posibilidad de ampliar horizontes. Para nadar hay que soltarse del borde de la piscina y adentrarse en lo desconocido.

    El error está muy mal visto, especialmente en la sociedad española. Existe una perniciosa alergia al fracaso. Pero como decía Samuel Beckett “Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.” No es bueno querer que te salgan las cosas a la primera, salvo si te dedicas al paracaidismo.

    Y la mejor combinación de teclas contra el error es Control+Z. Lo que daría por tenerlas en la vida real.

    Un saludo.

    Le gusta a 1 persona

  2. ¡Hola Pako!

    Estoy entusiasmada, lo has explicado maravillosamente bien: “El mayor inconveniente de esto, y por el cual lo dejé de hacer es porque esta mentalidad es un obstáculo al aprendizaje. Mi naturaleza curiosa me genera un hambre de ideas nuevas y el estar siempre a la defensiva me impermeabilizaba ante la posibilidad de ampliar horizontes”. Como siempre, tu comentario incide en algunas de las ideas subyacentes más relevantes y las hace explícitas. Como lector ya eres extremadamente valioso, ¡pero como comentarista, mucho más!

    Quería poner todo esto en relación a la educación porque al llevar un par de años trabajando en un cole con Filosofía para Niñ@s me he dado cuenta de que a los 10/11 años ya se manifiesta ese rechazo a estar equivocados (quizá desde antes también), ya llevan grabado a fuego que no tener la respuesta correcta implica castigo y humillación… Es terrible. ¡No saben hacer preguntas! Piensan en masa y se vuelven contra quien piensa diferente..

    En fin, por mucho que me guste tener razón a mí también, he llegado a la misma conclusión que tú. Y sobre todo me he preguntado por qué me siento de esa forma tan incómoda cuando alguien contradice una de mis ideas ya maduras y por qué tiendo a desvalorizar de antemano ese tipo de opiniones… No es fácil, pero creo que ambos podemos dar testimonio de que es posible, ¿verdad?

    Muchísimas gracias por pasarte y charlar un rato, como siempre. 😉

    ¡Un abrazo!

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    • elPakoP

      El querer tener razón y la resistencia al cambio es algo inherente al ser humano. Si tienes tiempo échale un vistazo a esta charla. Además de reirte seguro que sacas conclusiones interesantes. Un saludo

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  3. Si no los has leido aún recomiendo, a raíz de que te veo interesada en estos temas desde el punto de vista de la educación: El pensamiento lateral de Edward De Bono.

    Trata algunos temas de los que has expuesto en el post, es agradable de leer y tiene algunos ejemplos prácticos para tus clases. A mi me vino muy bien para mis clases de introducción a la creatividad.

    Por cierto, me he pasado un par de días leyendo tu blog. Muy interesante, mi más sincera enhorabuena 😉

    Jesús Alonso

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    • ¡Hola Chusín!

      ¡Bienvenido a mi rincón de pensar! 😀 Conozo a De Bono, pero la verdad es que nunca le he leído directamente a él, sino a través de otras fuentes. Pero tal y como me lo pones creo que merece la pena recurrir directamente a su obra.

      Mil gracias por dedicarme tu tiempo que, al fin y al cabo, es lo más valioso que le puedes dar a otra persona. Estoy segura de que serás uno de esos lectores que aportan calidad, recursos y perspectivas diferentes. Espero verte por aquí ^^

      ¡Un abrazooo!

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  4. Sabias palabras… Te dejo una banda sonora para acompañarlas. https://m.youtube.com/watch?v=r_34hFLHdOY

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