YO EXPECTATIVO, TÚ EXPECTATIVAS…

AutoestimaNunca suelo incluir explícitamente mis propias experiencias en los post, aunque se reproduzcan entre líneas como gremlins en abril (por eso que dicen de aguas mil). Pero me voy a poner en modo diván durante un párrafo al menos para partir de un ejemplo sencillo.

En el colegio (y aun en el instituto) era muy buena estudiante. Esa niña modélica y hasta repelente que se comporta intachablemente en clase y tiene una libreta ordenadísima sin una sola falta de ortografía. Mis notas no se evaluaban en función de cuántas había aprobado, sino de cuántos sobresalientes había conseguido. En consecuencia, fui generando en mis padres unas altísimas EXPECTATIVAS. Hasta tal punto era así que cuando en vez de 8 sobresalientes sacaba 7, en casa me esperaba un “muy bien hija, perooo”… Y yo me preguntaba: “¿pero? ¿Cómo que pero?”

Lo que les pasaba a mis padres era algo muy normal que ahora soy capaz de entender. Yo misma me he dedicado a crear en torno a todos mis conocidos y seres queridos una rueda de expectativas al modo del rosco de pasapalabra; un rosco que nadie conseguía nunca completar. Mal hecho por mi parte…

Chema Madoz

Chema Madoz

Cuando nos creamos expectativas (y en este caso hablo concretamente de las que nos creamos sobre las personas) estamos sometiéndolas inconscientemente a una gran presión, a la vez que nos condicionamos a nosotros mismos para que nuestras buenas relaciones con esas personas queden sujetas al cumplimiento o incumplimiento de las mismas. Simplifico: si yo sé que me puedes dar un 100%, no me va a gustar nada de nada que me des un 70% y como se te ocurra bajar del 50%… prepárate.

La verdad es que nadie puede estar siempre al 100%, empezando por ti y por mí. Sencillamente, es imposible. Entonces… ¿por qué cuando le pasa a otro no somos capaces de entenderlo? ¿Por qué en vez de aceptarlo nos enfadamos y consideramos, rabiosos, que no se está esforzando? Además, si tenemos en cuenta el carácter fluctuante y montaña-rusesco del ser humano, ¿por qué nos empeñamos en obtener siempre idénticas respuestas?

Ya sé que es difícil, ya sé que requiere mucho trabajo de nuestra parte, que exige desligarnos de toda una estructura mental plenamente operativa, pero… ¿has probado alguna vez a deshacerte de las expectativas? ¿O al menos, a no darles crédito y a entenderlas como una fase puramente especulativa de la relación con los otros? Es cierto que, cuando se cumplen, eso reporta una gran satisfacción personal tanto al que tiene la expectativa como al que la genera. Pero cuando no se cumple, la frustración y la decepción corren a partes iguales. Así me encontraba yo, en la revisión de un examen de matemáticas en 4º de EGB, llorando como una desconsolada magdalena porque había sacado un 7’5. Y eso no iba a ser suficiente para lo que se esperaba de mí.

Lo que yo creo, por ir ya concluyendo, es que eso de “te riño porque sé que puedes hacerlo mejor”, “me enfado porque sé que puedes dar más de ti”… hay que decirlo con mucho cuidado y sin creérnoslo del todo. Si consideras que estoy descuidando mi rendimiento por pura vagancia, bien… Sabes que en ese caso acepto la bofetada con las manos en la espalda y feliz de la vida (para profundizar en el tema bofetadas ir al post “Levántate y anda”). Pero si se debe a cualquier otra causa como el desánimo, el cansancio, o cualquier otro vaivén existencial, o simplemente porque estoy en otra cosa, sin más, entonces el tratamiento es diferente y se administra ejerciendo menor fuerza sobre la cara.

Chema Madoz

Chema Madoz

Y es oportuno que se tenga en cuenta que, muchas veces, las expectativas no tienen siquiera una base firme y real sobre la que asentarse. Y cuando comenzamos a relacionarnos con una persona que no conocemos, las establecemos en base a nuestros propios ideales que no tienen, ni por asomo, por qué ser iguales que los del otro. Así que, después de mucho pensarlo y redundar en lo empático hasta la esquizofrenia, he decidido, en la medida de lo posible, dar a las expectativas el auténtico valor que creo que tienen. Si yo me las he creado son mi problema, no el tuyo. Si estoy decepcionada porque no las cumples, es mi problema, no el tuyo.

Pero entonces, ¿qué hacemos con ese vacío de poder? ¿Qué poner en el lugar de las expectativas? Pues nada, oiga… Trataré simplemente de sacarlas de la ecuación y guiarme simple y llanamente por los hechos. ¿Me gusta lo que veo? Pues me quedo. ¿Qué no es para mí? Pues sigo camino tranquilamente y sin tener que ir reprochándome “¿pero tú para qué inventas?”

Así de simple.

Así de complicado.

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5 comentarios

Archivado bajo Reflexiones, Relaciones

5 Respuestas a “YO EXPECTATIVO, TÚ EXPECTATIVAS…

  1. Pues bien, las expectativas es como etiquetar a las personas. No se debería hacer, no se debería tener, pero en muchas ocasiones pecamos de eso y a la final lo hacemos. Etiquetamos a la gente, nos creamos expectativas sobre las personas, sobre los lugares o las situaciones y a la final viene la decepción, el mal momento y los golpes en el pecho.

    Yo desde pequeña aprendí que etiquetar a la gente no es lo mejor y de hecho era algo que no me gustaba. Sobre todo, porque muchas veces cuando se etiqueta, se encasilla a las personas y eso les da un margen limitado para moverse. Algo que no me parece justo. Con las expectativas es muy similar, no hay cabida a los fallos o si por el contrario en vez de fallarte te sorprende, estás a la defensiva esperando cuándo llegará el momento en que falle de nuevo. Es terrible, una pérdida de tiempo y energía, pero que de una u otra manera caemos se termina cayendo en eso 😦

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    • Anyway

      Lo has explicado muy bien, Diana. A eso me refiero yo. Lo que quiero proponer con esta argumentación es que, cuando eres consciente de que ese hecho se da, puedes luchar contra él. Es muy difícil y requiere mucho trabajo con uno mismo, pero cuando consigues ponerlas entre paréntesis y hacerles poco caso, ganas una batalla contra la decepción y la frustración. Aunque claro, ganar una batalla nunca es ganar la guerra… 🙂 Gracias por ese tiempo vital que has invertido en leerme, darme tu opinión y ayudarme a mejorar. ¡Un abrazo!

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  2. Javier Zeta

    A ver a ver a ver… Una entrada tan buena con sólo 2 comentarios!!??!! No puede ser!
    Muchas veces he hecho las cosas con cierto temor porque… cumpliré las expectativas de la persona a quien se lo tengo que entregar? Te come por dentro dedicarle energía a eso, cuando realmente lo que deberíamos es poner todo nuestro esfuerzo en hacer aquello que estemos haciendo lo mejor posible.
    Enhorabuena, has conectado conmigo! (one more time)

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    • ¡Hola Javiiiiii!

      Me alegro mucho mucho de que hayas conectado con el sentimiento y con la idea. Yo he aprendido a base de mucho esfuerzo a entender que las expectativas son eso, nada más, y que como tal sólo existen en mi cabeza. Realmente el esfuerzo no está en entenderlo, sino en aplicarlo.

      El caso es que cuando lo consigues… cambia todo. Así que yo he dejado de preocuparme por mia propias expectativas pero, por mucho que lo intento, no soy capaz de librarme de las de los demás… ^^

      ¡Sobre esto hay que crear escuela!

      Mil gracias por tu comentario y por entender lo importante que es y hasta que punto colma mis (no)expectativas.

      ¡Un abrazote!

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  3. Pingback: No he aprendido nada: el juego de la traducción simultánea | Vive como piensas

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