Diálogos Descatalogados: Sobre la Suerte

Llevábamos un rato en silencio, observando a través de la puerta abierta de la furgoneta el mar oscuro. Sin despegar la mirada del ir y venir de las olas ella lanzó una pregunta, como siempre solía hacer para iniciar una conversación:

–          ¿Tú crees en la suerte?

Nunca iniciaba las conversaciones contando una historia acerca de sí misma o dando su opinión, sino que siempre hacía una pregunta. La mayor parte de la gente siempre parecía más interesada en dar su propio punto de vista que en conocer el de los demás. Es más, si yo no le preguntaba a continuación qué pensaba ella, sabía que no me lo diría.

–          Sí… – le contesté en un tono que claramente decía “por qué no” – ¿Y tú?

Ella torció los labios en una mueca poco convencida, me escudriñó durante un un instante y, volviendo a mirar hacia fuera dijo:

–          No.

–          Bueno, está claro que hay personas más afortunadas que otras – contraataqué yo.

–         Sí, pero no creo en la suerte como algo previo. Quiero decir, no te pasan unas cosas u otras en función de que haya sobre ti una especie de halo kármico que atrae las cosas buenas, ¿entiendes? Creo que la suerte es algo de lo que sólo se puede hablar a posteriori. Y al ser algo qué sólo puede valorarse con respecto a un hecho pasado, no puede decirse que alguien “tiene” suerte; sólo que la ha tenido.

–         ¿Y qué me dices de las rachas? ¿Por qué a veces parece que nos pasa todo lo malo y otras veces nos cuesta creer que nos estén pasando tantas cosas buenas? En esos casos sí que habría una especie de “factor suerte” operando sobre cuestiones del futuro. Al menos con el alcance que determine la duración de la racha.

Ella se llevó la mano izquierda a la boca, se pellizcó el labio inferior y miró hacia arriba en un gesto pensativo.

–         Imagínate –contestó volviéndose hacia mí- que tiras una moneda. No sé qué dice la estadística respecto a esto pero la cuestión es que no necesariamente la cara y la cruz se alternarán. Durante 10 lanzamientos seguidos puede salir siempre cara, después una cruz, después cara otra vez, y otra…

Asentí en silencio, empezando a intuir dónde quería llegar.

–         Sin embargo, es puro azar… No ha sido mala suerte ni buena, porque no teníamos ninguna expectativa puesta en cuál es el lado bueno de la moneda y cuál es el malo. Sin embargo, si asignamos a la cara el valor “bueno” ya que hemos apostado por ella y a la cruz el valor “malo”, entonces habremos tenido una racha estupenda. ¿Entiendes? Por supuesto, si invertimos la asignación de valores, la racha habrá sido nefasta.

–         Ya…

–         Pues ahora imagina que la moneda es un poliedro con muchísimas caras, y que cada cara tiene asignado igualmente un valor (bueno o malo). Si lanzamos constantemente esa especie de “superdado de la fortuna”, el azar y factores físicos ajenos a la mística de la suerte, serán los que determinen en qué posición caerá. Lo que define la suerte no es el dado, ni el lanzamiento, ni las leyes físicas que la hacen caer o girar. Lo que define la suerte es nuestra personal asignación de valores.

Mientras imaginaba en mi cabeza aquel poliedro gigantesco siendo lanzado una y otra vez por una mano gigantesca, como la de Dios, sobre un fondo negro cuajado de puntos luminosos, trasladé la metáfora del dado a las cosas que nos suceden a diario.

–          Quieres decir… Que cuando pasamos por una buena racha…

–         Es porque el dado está cayendo en una posición que te resulta favorable. Pero el hecho de que caiga de una u otra forma no es ni bueno ni malo por sí mismo.

–         Claro… Pero si el dado siempre me favorece, es porque estoy teniendo buena suerte, ¿no?

Ella soltó una carcajada.

–         Sí, claro… Estás teniendo suerte. Pero suerte entendida como cumplimiento de tus expectativas. No como energía misteriosa que está contigo o contra ti.

–         Entonces tú también crees en la suerte – dije riendo. Ella rió también.

–         Bueno… Yo creo en todo lo que existe… Aunque esté mal definido. La suerte como ente abstracto que puede atraerse o arrebatarse es un invento para vender amuletos – sentenció. Y volvimos a quedarnos en silencio.

Imagen(Imagen: Chema Madoz)

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