Granada Mon Amour

Mientras yo visitaba los dominios del Sol, llenándome la frente de luz, el mundo ha seguido girando. Sujetos al cambio eterno, todos hemos mudado de piel y hemos buscado un nuevo lugar en el que dejarnos caer. Vuelvo más llena, pero más ligera. De los brazos me tiran sentimientos encontrados: felicidad y tristeza repartiéndose mi cuerpo. El tiempo me lleva volando y me aconseja con semblante serio que sea firme y flexible, que acepte sus regalos y olvide sus desprecios.

Sometidos a un gigantesco efecto dominó, los actos que ya hemos realizado han puesto en marcha una reacción en cadena de efectos imprevisibles. La dirección de nuestros destinos se va modificando con cada pieza que empujamos, que empuja otras a su vez, escapando definitivamente de nuestro control. Es el tiempo de la coherencia y la superación.

Tal vez sólo seamos insignificantes criaturas, atrapadas en una inmensa red, tratando de ser libres, creyendo que lo somos… Pero esa libertad que sentimos, aunque sea ilusoria, nos hace diferentes. Nos convierte en otra cosa. Abarrotar la vista paseando todas las calles, dejar salir a jugar el espíritu al amparo de la música; entregarse, pero sin renunciar a ser dueños de nosotros mismos. Aprender a mirar, conectar indivisiblemente la mente con los sentidos. Subir en todos los trenes para no perder el tiempo, que es tan poco, preguntándonos a dónde llevarían. Ser siempre extranjeros en el lugar donde vivimos.

Quizá mis pulmones han menguado, pero mi corazón ha crecido: bebiendo de la generosidad, alimentándose de la hospitalidad inabarcable de los que nos han dado cobijo. Granada me ha besado dulcemente sin preguntarme quién soy, se me ha ofrecido abierta sin juzgarme y sin importarle mi pasado ha dormido conmigo. Ha tomado mi barbilla, levantando mi cabeza, obligándome a verme reflejada en sus ojos antiguos. Ha jugado con mi ropa, me ha hecho rastas el cerebro; me ha lamido las heridas amortiguando el dolor del egoísmo, de la posesión que no es tal, de la pérdida que tarda en sentirse pero que acaba llegando. Me ha reprochado casi maternalmente haber pensado que algo puede ser realmente mío.

El viejo Sol me susurra un secreto para llevarlo siempre conmigo: No debo olvidar, pero tampoco debo dejar que el recuerdo se sobreponga al presente. No debo empeñarme en mirar más adelante, o me perderé el camino.

Al fin y al cabo, un final siempre es un principio.

 

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2 comentarios

Archivado bajo Reflexiones, Viajes

2 Respuestas a “Granada Mon Amour

    • Anyway

      Muchas gracias Carochina… Algo así sólo puede decirlo Graná. ¡Un besote grande como tú y que sigas disfrutando de tu periplo! ^^ Muaaaaaa!

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