File Ródos (II) – Diario de viaje Lindos

22 de julio de 2011

El puerto de Rodas está plagado de stands donde se ofertan viajes, entre otros sitios, a Lindos, una islita de la que ni siquiera había oído hablar a unas 2 horas en barco. Anoche nos acercamos a uno de estos pequeños pequeños puestos para preguntar el precio e informarnos de qué se podía ver allí. Tiene tan buena pinta que los cuatro estamos de acuerdo en surcar el Egeo a bordo del Alkimini al encuentro de Lindos.

Todos los griegos parecen ser extremadamente amables pero la mujer que fue nuestra anfitriona en el barco, sin duda, se lleva la palma. Perfecta encarnación de mi idea del espíritu de la mujer griega (como una Irene Papas madura), no dudamos en ponernos en sus manos y dejar atrás la costa Este de Rodas bañados en salitre y sudor. Es mi primer viaje en barco y no imagino cómo podría haber sido mejor, no por cómodo ni por lujoso… Por auténtico, por bonito, por el punto de partida y por el de destino.

Lindos nos recibe con sus playas paradisíacas y su mar inmensamente azul, del color de esos que salen en las revistas de viajes o en las guías turísticas. Así que antes de subir a la acrópolis decidimos deshacernos del calor en sus aguas cristalinas, limpias, hermosas y saladas como no he visto otras. Sumergirme en ellas me provoca una sensación de felicidad que me hace volver a tierra calmada y eufórica al mismo tiempo.

Las riadas de turistas (como yo misma), a pie o en burro (pobres burritos, derrengados de calor bajo el omnipresente Helios), no fueron capaces de restar al empinado camino su belleza sorprendente. Arriba en la acrópolis los templos y la stoa, ruinas desperdigadas y unas vistas para perderse en el infinito. Comemos a la sombra de una hendidura en un muro, bajo un olivo, y nos hartamos de admirar la belleza tremenda que nos rodea. Al bajar aun queda tiempo para remojar otra vez las piernas en la playa y a las 15:00 embarcamos de nuevo en el Alkimini, dirigiendo a la ciudadela la última mirada mientras nos alejamos, antes de abandonarla para siempre.

Tras un descanso, comida y ducha para despetrificar la capa de sal que nos cubre, nos perdemos por la ciudad medieval de Rodas, custodiada por el castillo, abarrotada de tiendas y restaurantes; pero también de calles antiguas y solitarias, oscuras y llenas del encanto de otra época. Los caminos polvorientos junto a la muralla, los árboles, los espacios inmensos… Definitivamente Rodas es un lugar digno de los mitos.

La noche, cálida pero no sofocante, nos envuelve entre sus faldas y volvemos a dejarnos atrapar.

Según Homero, Lindos participó en la guerra de Troya.

Según Homero, Lindos participó en la guerra de Troya.

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