File Ródos (I) – Diario de viaje Rodas

21 de julio de 2011

La noche pasada parece un mal recuerdo de hace años. Otra vez sin poder dormir, esta vez a causa de la antítesis de la silla por pura incomodidad: medios huevos de plástico maldito diseñados para que ningún viajero, nunca, pueda dormir. Otra vez despiertos a las 5 de la mañana, otra vez con esa sensación de “qué hago aquí”; otra vez con el objetivo perdido en el horizonte. Y por fin embarcamos, dejando atrás Frankfurt-Hahn y la larga espera. Las vistas desde el avión mientras nos aproximamos son impresionantes: una multitud de pequeñas islas se extienden como manchas de pintura blanca sobre el mar azul celeste.

Aterrizamos al fin y nos vemos obligados a cambiarnos de ropa nada más llegar: el único que acude a buscarnos al aeropuerto internacional de Rodas-Diágoras es el calor sofocante. Los aeropuertos, incluido este, son un lugar deleznable: un calor inhumano y un sol de justicia (pero de justicia vengativa y rencorosa), no son los mejores aliados para luchar contra la multitud incivilizada por una plaza en el autobús que nos horneará hasta la ciudad de Rodas. Pero da igual. Da igual porque un turista muy amable (italiano) me ha ayudado a levantar la mochila mastodóntica y durante el trayecto me ha acunado su voz: su timbre grato, su calma pausada, su entonación suave. Viajamos a bordo de una Torre de Babel plagada de lenguas.

Pero todo, todo, ha merecido la pena. Porque Rodas es maravilla tras maravilla, delicadamente cocinada sobre las calderas del mismísimo infierno (dado el calor que hace). Pero es única, es un regalo para los sentidos y el estímulo más poderoso contra el cansancio. Bautizada por el Egeo le he dejado lamer mi cuerpo dolorido. A pesar de las pequeñas tragedias (estamos en otro hotel por un supuesto error en las reservas); del cansancio (el tiempo que llevamos dormido desde que empezó el viaje es ridículo); de que la playa frente al hotel esté hecha de pedruscos asesinos en vez de arena y las olas me ahoguen en la orilla… A pesar de todo, la puesta de sol se ha encargado de darme en los labios el beso definitivo para acallar mis quejas.

Las calles de noche se han transformado en un oasis, llenas de una vida diferente y hermosa a resguardo del sol. Todo lo demás ya da igual porque me he tomado una cerveza mythos y sólo quiero seguir viendo más aunque el resto de mí se canse. Da igual porque me he comprado un sombrero y adoro Rodas.

_1New

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Viajes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s