Mein Frankfurt – (Diario de viaje)

20 de julio de 2011

La vida del viajero errante no es fácil. La situación de quien malduerme en un aeropuerto, de quien carga con sus enseres todo el tiempo, de quien busca un rincón en el suelo frío para tener la sensación de descansar. Creo que es muy optimista decir que anoche dormimos algo. Simplemente ocupamos un rincón donde clavar los huesos, donde helarnos de frío y donde descubrir cuán pronto empieza la actividad en un aeropuerto.

La mujer loca que abrió la cafetería frente a nuestra improvisada habitación movió furibunda las sillas, las arrastró con maldad, provocando el sonido espantoso que debía producir torturar a un dinosaurio. Ni dos horas de calma y todo era bullicio, y las señoras estiradas mirándonos por encima del hombro trataban de privarnos de una dignidad que ellas jamás conocieron: la del errante, la del paria que no se atiene a la norma comercial. Que les den.

Cansancio extremo. El cuerpo ha dado, pero no ha recibido descanso, así que lo engañamos con comida. Pasan las horas, tan lentas, hasta que las 5:00h son las 8:45, y el bus se convierte en una cama cálida y lujosa donde descansar un par de horas.

Llueve; llueve mucho y mis zapatos, que de por sí son de tela, están rotos. Con los pies mojados y el ánimo encogido empezamos a vagar por Frankfurt, que se muestra desagradable, hostil. Se deja mirar, pero no se deja ver… Tras horas caminando, tratando de domarla a base de paciencia, nos sentamos a comer junto al Río Main y, con el estómago lleno, el mal humor mengua. Al menos el mío. Buscamos un café (cuatro) y después de tomarlo parece que también mejoran los demás. Frankfurt recapacita y decide dejarnos recorrerla con el cuerpo y con la vista: grande y diferente, moderna y anticuada, fluvial y conejera… todo eso y tanto más.

Cansados el uno del otro acabamos por abandonarla antes de tiempo. Volvemos a dormir en el viaje de regreso un par de valiosísimas horas más y cenamos en el aeropuerto. El plan es volver al Saloon Luckie Luke, en Lautzenhausen, donde ayer conseguimos olvidarnos del cansancio, y otra vez con la mochila a cuestas vamos en su busca. Noche de dardos. Sofás que aun recuerdan nuestras formas. Cansancio terrible. Luckie Luke nos escupe a eso de la 1:30 y nos volvemos al dichoso aeropuerto de marras. Cargando la fatiga, explicándole al sueño que hoy tampoco comerá.

Dos días nodurmiendo en el aeropuerto son demasiado. Pero ya se acabó. ¡Te añoro, Rodas!

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